EL CUMPLIMIENTO DEL TIEMPO
Dice el apóstol Pablo en su epístola a las iglesias de Galacia (Gálatas 4:4): "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley." Detengámosnos un poco en lo relativo al cumplimiento del tiempo.
También Pablo escribió a la iglesia en Efeso (Efesios 1:10): "(Dios) se había propuesto en sí mismo reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra." Aquí Pablo, a diferencia de Gálatas, que habla en singular de "tiempo", dice "tiempos" en Efesios.
En
Gálatas es "cronos"; en Efesios es "kairós". En Gálatas se refiere,
pues, al tiempo en su estructura lineal de sucesión cronológica, los
años previstos para la llegada del Mesías en su primera venida, tal
como profetizó Daniel. En Efesios se refiere a las diversas
maduraciones, a las ocasiones oportunas de los eones o edades o
períodos, o como se ha dado en llamar en los últimos siglos:
dispensaciones.
De
hecho, la humanidad, según Dios, ha pasado por diferentes etapas. Vivió
cerca de cien años en estado de inocencia en el jardín del Edén, según
se desprende de la fecha del nacimento de Set. Este fue un primer
"kairós", una ocasión especial de prueba para el hombre frente al Árbol de la Vida, y frente al árbol de la ciencia del bien y del mal.
Pero el hombre quebrantó el pacto, como dice el profeta Oseas ( Oseas 6:7), y entró en un segundo período a
partir de su pecado y la subsiguiente expulsión del Edén. Nuevas cosas
designó Dios para ellos a partir de allí, tales como la maldición de la
tierra y sujeción de la creación en manos de Adam a la vanidad, el
comer el pan con el sudor de la frente, los dolores en las preñeces y
partos de la mujer, el volver al polvo tras la muerte, un nuevo régimen
vegetariano más amplio, la cobertura provisional del sacrificio en
espera de la Simiente prometida de la mujer que aplastaría la cabeza de
la serpiente, el nuevo alimento de ésta, el polvo, que es el material
con que está hecho el hombre, la autoridad delegada del hombre sobre la
mujer, la condición caída de la naturaleza humana ahora vendida al
poder del pecado en la carne, el conocimiento del bien y del mal; es
decir, el gobierno de la conciencia, la conciencia de desnudez, la
culpabilidad que se esconde de Dios, etc.. El gobierno de la
conciencia; en este nuevo estado fue ahora un segundo "kairós", una
nueva ocasión en circunstancias diferentes para estar delante de Dios,
pero bajo la misma provisión de gracia de Dios concedida en la promesa
acerca de la Simiente de la Mujer, y ejemplificada en la cobertura de
túnicas de pieles de un sacrificio. La Vida Divina ofrecida al hombre
en el Edén por medio del Árbol de la Vida, es ofrecida en este nuevo
"kairós" al hombre en la Fe de la Simiente de la Mujer, pues ésta
aplastaría la cabeza de la serpiente destruyendo su imperio, que es el
del pecado y la muerte.
Pero
así como el "kairós" de la inocencia terminó con el pecado, el "kairós"
de la conciencia terminó con el Diluvio, pues el hombre llegó a ser
carne estando su corazón de continuo solamente en el mal (Génesis 6:5).
Dios, pues, en su infinita misericordia, no queriendo destruir del todo
al hombre que le hace doler el corazón, reservó a Noé y a su familia
para repoblar la tierra, y con ellos estableció el régimen del gobierno
humano, del hombre sobre el hombre. Este tercer "kairós" está
representado en la vigencia dentro de la humanidad de las siguientes
palabras de Dios a Noé y su familia: "Bendijo Dios a Noé y a sus
hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra. El
temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y
sobre toda ave de los cielos, en todo lo qe se mueva sobre la tierra, y
en todos los peces del mar. Todo lo que se mueve y vive, os será para
mantenimiento; así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado
todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis. Porque
ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de todo animal la
demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré
la vida del hombre. El que derramare sangre de hombre, por el hombre su
sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. Mas
vosotros fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la
tierra, y multiplicaos en ella.../...He aquí que yo establezco mi pacto
con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; y con
todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia
de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del
arca hasta todo animal de la tierra. Estableceré mi pacto con vosotros,
y no exterminaré ya más toda carne con aguas de Diluvio, ni habrá más
Diluvio para destruir la tierra.../...Esta es la señal del pacto que Yo
establezco entre mi y vosotros y todo ser viviente que está con
vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual
será por señal del pacto entre mi y la tierra. Y sucederá que cuando
haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las
nubes. Y me acordaré del pacto mio, que hay entre mi y vosotros y todo
ser viviente de toda carne. Estará el arco en las nubes, y lo veré, y
me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda
carne que hay sobre la tierra.../...Esta es la señal del pacto que he
establecido entre mi y toda carne que está sobre la tierra." (Génesis 9:1-17).
Vemos,
pues, que ahora en este tercer "kairós" la dieta vegetariana se amplía
a una que incluye a toda carne excepto su sangre. La pena de muerte se
establece sobre el hombre y los anima, para que sea aplicada por el
hombre sobre quien derrame la vida humana. Esto tiene vigencia
universal. Dios hace un pacto, lo señala con el arco iris, y las
promesas anteriores acerca de la Simiente de la mujer se mantienen
incolumnes. Entonces comienzan las primeras civilizaciones
inmediatamente postdiluvianas. Se levanta Nimrod y las ciudades
estados sumerias. También surgen los acadios, asirios, elamitas,
antiguos caldeos y otros. Se levanta la torre de Babel en oposición a
Dios, y el gobierno humano se envilece dando lugar a la tiranía.
Satanás engaña las etnias de la tierra.
Entonces
Dios llama a Abraham y le anuncia acerca de la Bendición que vendrá a
las familias y naciones de la tierra, por medio de su Simiente; y
un nuevo "kairós" se abre para estos elegidos, en función de la
humanidad entera. Las demás naciones, ajenas por lo pronto a la fe y al
conocimiento de la promesa, continúan bajo el régimen noético, si bien
la promesa de la Simiente de la Mujer todavía les cobija; solo que aún
desconocen que vendría por Abraham y su descendencia. La promesa
abrahámica es confirmada a Isaak y a Jacob, y entonces surge la nación
de Israel, entre cuyas tribus, la de Judá recibe una nueva promesa; de
él provendrá Silo y el Cetro de Israel.
Con
Moisés establece Dios el pacto de la Ley con Israel, para que esta
nación sea ejemplo a las demás naciones y sea Su testigo en el mundo.
Dios añadió la Ley, sin anular la promesa, sino para que al estar bajo
el régimen de la Ley, se pudiese conocer la necesidad del Salvador, el
Mesías, profetizado ahora también por Moisés, y tipificado por las
instituciones, fiestas, sacrificios, ritos y jornadas de Israel. Este "kairós" añadido, no invalida aquel anterior de la promersa a Abraham y su simiente, pero prepara el "kairos" de la primera venida del Mesías en el "cronos" respectivo revelado a Daniel.
Despúes
viene el "kairós" de la gracia defintivamente cumplida y manifiesta, el
cual es el de la Iglesia, con la plenitud de los gentiles.
Entonces
Dios se volverá a Israel para la segunda venida del Mesías, y el Reino
de los Cielos Milenial tendrá lugar. Tras el habrá la resurrección de
los demás muertos (pues los justos resucitarán antes y para el Milenio)
y la liberación de Satanás del abismo en el cual será sellado por el
Milenio; y tras la última rebelión de todos los réprobos, establecerá
Dios Su Juicio Final.
Entonces
habrá por la eternidad, con Dios y Su Mesías, Cielo Nuevo, Tierra
Nueva, Nueva Jerusalem y las naciones que hubieren sido salvas. Dios
sujetará a Cristo todas las cosas, y a su vez el Hijo le someterá todo
al Padre, porque lo que es del Padre es del Hijo, y lo que es del Hijo
es del Padre. Todo esto ha sido, es y será el cumplimiento de los
tiempos de que habla Pablo en Efesios. Lo que ha sido y es: los
tiempos, se dirigen a su cumplimiento: lo que será.
Dentro
de esos tiempos está el cumplimento del cronos de la primera venida del
Mesías, a la que se refirió Pablo en su epístola a los Gálatas. También
Jesús se refirió al cumplimiento del kairós específico
de Su primera venida. Kairós específico dentro del cronograma de los
demás tiempos que corren hacia su pleno cumplimiento.
El
profeta Daniel recibió de Dios, por el ángel Gabriel, una profecía
acerca de los setenta septenarios (Daniel 9:20-27). Sesenta y nueve de
ellos se pasarían desde la orden de Artajerjes en el año 20 de su
reinado para restaurar y edificar Jerusalem hasta la visitación del
Mesías. En el dia exacto en que se cumplían esos años, entró Jesús en
un burrito a Jerusalem llorando porque no entendieron el dia de su
visitación. Jesús llamaba la atención de sus contemporáneos a las
señales de los tiempos.
También
había otras profecías acerca del orden de los imperios mundiales.
Babilonia tuvo su tiempo durante el cual Israel fue corregido de su
idolatría. Entonces Persia tuvo su tiempo durante el cual fue
restaurada la Casa y la Ciudad de Dios y el aprecio de la Ley y los
Profetas. Entonces Grecia y sus reinos sucesores tuvieron su tiempo
durante el cual se consolidó el Canon de las Sagradas Escrituras y se
preparó la cultura para la difusión universal del Evangelio del Mesías.
También Roma tuvo su tiempo durante el cual lo anteriormente preparado
encontró realización y se abrió camino hacia toda la humanidad. En los
tiempos de Roma llegó el Mesías, precisamente en el cumplimiento del
tiempo, cuando la profecía, la filosofía, la cultura, la política, la
religión, marcaban la hora del importantísimo "kairós" respectivo en su
"cronos" previa y divinamente señalado.
Por eso podía decir el apóstol Pablo a los atenienses, en el mismo areópago, plataforma mayor de la cultura universal: " Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia ( y le llama ignorancia a la cúpula de la cultura humana en su capital universal), ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un dia en el cual juzgará al mundo con justicia, por Aquel Varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos." (Hechos 17:30, 31).
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Gino Iafrancesco V., Bogotá, Colombia, 2003. (Cap. 3 de "Historia Cristiana").

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