A muchos religiosos cristianos se les ofusca el entendimiento cuando piensan que el mismísimo Reino de Dios o de los cielos pueda existir entre nosotros, en medios de este mundo tan corrompido, aunque solo sea en su etapa de crecimiento y no en su plena manifestación. Pero es un reto para quienes amamos a nuestro Salvador, y apreciamos su Mensaje y sacrificio, y que comprendemos el verdadero plan que él tiene para salvar a la Humanidad, ser sus eficientes colaboradores (1-Co.3.9) en esta etapa de su reinado en que la Iglesia, como pueblo de Dios, glorifica a su rey por medio del Espíritu Santo que obra en ellos y a través de ellos para practicar la verdad de Dios con pleno amor y en plena justicia, haciendo evidente la real soberanía de su gobierno en nosotros, que conformamos su santa nación (1-P.2.9-10). “Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. (Mt.23.13).
El Reino de Dios es la expresión tangible de su soberanía en medio de la Humanidad, y crece en la medida en que le permitimos al Rey Salvador legislar en nuestras vidas individuales y comunitarias. La Iglesia es la comunidad del pueblo de Dios, su santa nación. Este reino se hace evidente cuando en vez de adquirir compromisos de asociación con los incrédulos, es decir, ‘’unirnos en yugo desigual” con ellos, (2-Co. 6.14-18) lo hacemos con los miembros de nuestra propia nación.
NO ES ILUSIÓN
ciberprofetaA muchos religiosos cristianos se les ofusca el entendimiento cuando piensan que el mismísimo Reino de Dios o de los cielos pueda existir entre nosotros, en medios de este mundo tan corrompido, aunque solo sea en su etapa de crecimiento y no en su plena manifestación. Pero es un reto para quienes amamos a nuestro Salvador, y apreciamos su Mensaje y sacrificio, y que comprendemos el verdadero plan que él tiene para salvar a la Humanidad, ser sus eficientes colaboradores (1-Co.3.9) en esta etapa de su reinado en que la Iglesia, como pueblo de Dios, glorifica a su rey por medio del Espíritu Santo que obra en ellos y a través de ellos para practicar la verdad de Dios con pleno amor y en plena justicia, haciendo evidente la real soberanía de su gobierno en nosotros, que conformamos su santa nación (1-P.2.9-10). “Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. (Mt.23.13).
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