Me preguntan ¿Tú sabes perdonar? Y respondo
a esto con un suspiro de resignación.
¿Que les puedo decir?... creo que si. Ya he perdonado a muchos.
Ya no siento lo mismo que antes, cuando mancillaron mi inocencia, cuando
mi mundo debió solo ser de inocentes juegos, donde crearon ellos
una nube de perturbaciones que no entendía.
Si era bueno o malo no lo comprendía.
Solo se que el tiempo y Dios me ayudaron a sacudirme de ese ambiente,
que con el paso del tiempo todo fue cambiando.
Y gracias a ello mi vida dio un giro de 360 grados. Hoy soy feliz me
desligo cada día de esos momentos, y ya no trato de encontrar el
porque, ni el como me sucedió a mi.
Solo se que los he podido perdonar, hacer como si nada hubiera pasado.
Pero sin embargo, por esas cicatrices que quedaron de aquellas heridas
en mi alma... "perdonar si... olvidar no".
La vida no es más que un viaje por tren: repleto
de embarques y desembarques, lleno de accidentes y sorpresas agradables
en algunos embarques y profundas tristezas en otros.
Al nacer nos subimos al tren y nos encontramos con algunas personas las
cuales creemos que siempre estarán con nosotros en este viaje:
nuestros padres.
Lamentablemente la verdad es otra, ellos se bajarán en alguna
estación dejándonos huérfanos de su cariño,
amistad y su compañía irreemplazable. No obstante, esto
no impide a que se suban otras personas que nos serán muy especiales.
Llegan nuestros hermanos, nuestros amigos y nuestros maravillosos amores.
De las personas que toman este tren, habrá los que lo hagan como
un simple paseo, otros que encontrarán solamente tristeza en el
viaje, y habrá otros que circulando por el tren, estarán
siempre listos en ayudar a quien lo necesite.
Muchos al bajar, dejan una añoranza permanente; otros pasan tan
desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que desocuparon el asiento.
Es curioso constatar que algunos pasajeros quienes nos son tan queridos
se acomodan en vagones distintos al nuestro. Por lo tanto, se nos obliga
hacer el trayecto separados de ellos.
Desde luego, no se nos impide que durante el viaje recorramos con dificultad
nuestro vagón y lleguemos a ellos... pero lamentablemente ya no
podremos sentarnos a su lado pues habrá otra persona ocupando el
asiento.
No importa – el viaje se hace de este modo; lleno de desafíos,
sueños, fantasías, esperas y despedidas... pero jamás
regresos.
Entonces hagamos este viaje de la mejor manera posible.
Tratemos de relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en cada
uno lo que tengan de mejor. Recordemos siempre que en algún momento
del trayecto, ellos podrán titubear y probablemente precisaremos
entenderlos ya que nosotros también muchas veces titubearemos y
habrá alguien que nos comprenda.
El gran misterio, al fin, es que no sabremos jamás en qué
estación bajaremos, mucho menos donde bajarán nuestros compañeros,
ni siquiera el que está sentado en el asiento de al lado.
Me quedo pensando si cuando baje del tren, sentiré nostalgia…
Creo que sí.
Separarme de algunos amigos de los que me hice en el viaje será
dolorido, dejar a mi amor que tanto quiero y ver como nos aleja el trenecito.
Dejar a que mis hijos sigan solitos, será muy triste.
Pero me aferro a la esperanza de que en algún momento llegaré
a la estación principal y tendré la gran emoción
de verlos llegar con un equipaje que no tenían cuando embarcaron.
Lo que me hará feliz, será pensar que colaboré con
que el equipaje creciera y se hiciera cada día más valioso.
Hagamos que nuestra estancia en este tren sea tranquila, que haya valido
la pena.
Hagamos tanto para que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro
asiento vacío deje añoranza y lindos recuerdos a los que
en el viaje permanezcan y así en cada parada de cada estación
nuestro recuerdo siempre permanezca y perdure para siempre.
♥♥♦♥♥ Todos alguna vez nos hemos quejado de lo que la vida nos
ha quitado o aún no nos ha podido dar, pero nunca nos ponemos a
pensar en todo lo que tenemos…
En que hay personas que sufren más que nosotros y sin embargo
luchan día a día para tener una vida mejor, en que debemos
ser agradecidos y dejar de pensar en lo que pudo ser y pensar solo en
lo que es y puede aún ser…
Sin darnos cuenta, gran parte de nuestra vida nos la pasamos quejándonos
y buscando respuestas a preguntas que quizá nunca podremos contestar,
a preguntas que algunas veces solo nos hacen daño y debemos mejor
olvidar para que así nuestra vida sea mejor.
Debemos aceptar y valorar lo que Dios nos ha dado, ya que solo el sabe
porque hace las cosas y aunque nos cueste, debemos aceptar su decisión.
Tu puedes cambiar tu forma de vida en el momento que quieras, solo tienes
que aprender a vivir con lo que la vida te ha dado, aprender a valorar
todo lo que tienes a tu alrededor y tratar de ser feliz con eso, tratar
de llevar una vida llena de paz y armonía con tu familia, amigos
y todos tus seres queridos…
Recuerda que solo tu tienes el poder de cambiar la forma en que vives…
Hoy como cada día al despertar, vienen a mi mente
mil recuerdos, mil pensamientos donde están ustedes y pareciera
que es fácil sobrevivir en este mundo con tanto dolor dentro y
pareciera que nadie se da cuenta de mi sentir, del dolor por la ausencia
que llevo conmigo a cada momento, en cada paso.
No imaginé que cuando reíamos mientras jugábamos
con la pelota o cuando veíamos la tele, sería solo por un
momento.
No imaginé que cuando peleábamos e iba corriendo con mamá
para contarle mis tragedias de niña frágil, sería
solo esa vez.
No imaginé, después de compartir la misma casa, familia,
comida, juguetes, lágrimas, tendría que aprender a vivir
con todo para mi sola.
Ni siquiera pasaba por mi mente la idea que el día de mi boda,
no estuvieran presente disfrutando ese día tan soñado para
mí.
Pero sí imaginaba ver crecer a nuestros hijos juntos, pensaba
que sería feliz al tener sobrinos y que la casa de nuestros padres
se llenaría de niños y estarían felices por tenerlos.
Imaginaba que me aconsejarían cuando me sintiera confundida o
angustiada, que como todas las familias nos reuniríamos uno que
otro día para disfrutarnos.
Pero todo aquello que imaginé se quedará ahí y serán
solo sueños no realizados.
Nadie habla de lo difícil que es superar la muerte, yo no sabía
el miedo que da enfrentarte a lo que viene después de perder a
alguien, de la soledad que habita en mi casa desde que partieron de este
mundo.
Que aunque Dios está con nosotros y la fe es mucha, la comida
ya no sabe igual, mamá y papá no lucen tan bien como entonces,
la casa se siente vacía, solo andamos vagando por ahí tres
almas cargando nuestro dolor cada quien y en cada esquina.
Y nuestra vida sigue con la única esperanza de que al morir, los
encontraremos de nuevo.
Ahora valoro cada momento que vivo y hago las cosas solo una vez y bien,
vivo en Dios y él en mi, no existe el mañana, solo el hoy.
Aun sueño con tener una familia que en su ausencia los quiera
y se enteren de que antes de ser una mujer, fui una hermana.