Había una vez un viejo carpintero que, cansado ya
de tanto trabajar, estaba listo para acogerse al retiro y dedicarle tiempo
a su familia.
Así se lo comunicó a su jefe, y aunque iba a extrañar
su salario, necesitaba retirarse y estar con su familia; de alguna forma
sobrevivirían.
Al contratista le entristeció mucho la noticia de que su mejor
carpintero se retiraría y le pidió de favor que si le podía
construir una casa más antes de retirarse.
El carpintero aceptó la proposición del jefe y empezó
la construcción de su última casa pero, a medida que pasa
el tiempo, se dio cuenta de que su corazón no estaba de lleno en
el trabajo.
Arrepentido de haberle dicho que sí a su jefe, el carpintero no
puso el esfuerzo y la dedicación que siempre ponía cuando
construía una casa y la construyó con materiales de calidad
inferior.
Esa era, según él, una manera muy desafortunada de terminar
una excelente carrera, la cual le había dedicado la mayor parte
de su vida.
Cuando el carpintero terminó su trabajo el contratista vino a
inspeccionar la casa. Al terminar la inspección le dio la llave
de la casa al carpintero y le dijo: "Esta es tu casa, mi regalo para
ti y tu familia por tanto años de buen servicio".
El carpintero sintió que el mundo se le iba... grande fue la vergüenza
que sintió al recibir la llave de la casa, su casa. Si tan solo
el hubiese sabido que estaba construyendo su propia casa, lo hubiese hecho
todo de una manera diferente.
Así también pasa con nosotros.
A diario construimos relaciones en nuestras vidas, y en muchas ocasiones
ponemos el menor esfuerzo posible para hacer que esa relación progrese.
Entonces, con el tiempo es que nos damos cuenta de la necesidad que tenemos
de esa relación. Si lo pudiésemos hacer de nuevo, lo haríamos
totalmente diferente.
Pero no podemos regresar. Tú eres el carpintero. Cada día
martillas un clavo, pones una puerta, o eriges una pared. Alguien una
vez dijo: "La vida es un proyecto que haces tu mismo”.
Tus actitudes y las selecciones que haces hoy construyen la casa en la
cual vivirás mañana.
Había una vez, hace cientos de años, en una
ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles
llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.
En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y
de pronto lo reconoce.
Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:
- Que haces Guno, tu ciego, con una lámpara en la mano? Si tu
no ves...
Entonces, el ciego le responde: - Yo no llevo la lámpara para
ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo
la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi...
- No solo es importante la luz que me sirve a mi, sino también
la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.
Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea
visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.
Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil...
Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino
de los demás...
Cómo?
A través del desaliento, la crítica, el egoísmo,
el desamor, el odio, el resentimiento...
Que hermoso sería si todos ilumináramos los caminos de
los demás!
Bendita sea la mirada con la que me miras... porque gracias
a ella has penetrado hasta el fondo de mi alma haciéndome estremecer.
Benditas sean las manos con las que me acaricias... por que gracias a
ellas me he sentido subir al cielo y he vivido en la gloria sin la necesidad
de no estar vivo...
Benditos sean tus labios carnosos... por que en ellos descubrí
la miel de los deseos y el néctar del placer que aun cuando ha
sido prohibido... me has hecho que por ellos me llegue a perder...
Bendito sea tu cuerpo recorrido... si, recorrido como vereda por muchas
otras… por que gracias a ellas es que ahora estoy caminando yo...
Bendita sea la sonrisa que brota de tu boca... por que es con ella con
la que enloquezco aun cuando estemos enojados...
Benditos sean tus ojos, tu cuerpo, tus manos, benditas tus caricias...
bendito seas todo tu...
Pero lo que es mejor...
Bendito sea Dios que te puso en mi camino, la fecha exacta y en el mismo
lugar donde yo me encontraba...♣
Bendito sea por que hizo te enamoraras de mi...
Pero sobre todo bendito sea por la dicha que me ha regalado, por que
él mas que nadie sabía que necesita tanto amor...del cual
ahora gozo junto a ti...