Sol espléndido y radiante en la ancha esfera sujeto; no te pregunto el secreto de tu esplendor rutilante.
Ni por qué, nube distante tiñes de ópalo y rubí; pero perdóname si te pregunto en mi querella, ¿Si estará pensando en mí como estoy pensando en ella?
Luna, brillante topacio que, entre nebuloso tul, cruzas la techumbre azul de las alas del espacio.
Si se fijaron despacio sus bellos ojos en tí, y si la miraste, di si estaba doliente y bella, si estaba pensando en mí como estoy pensando en ella.
Mar inmenso que te agitas sobre tu lecho de arena, y que ora en bonanza plena tus olas no precipitas;
Tú que bañas las benditas riberas donde viví, los sitios donde la vi tan pura, tan dulce y bella, responde, si piensa en mí, como estoy pensando en ella.
Brisa, que acaso pasando jugaste con sus cabellos, tú que besaste su cuello su mejilla acariciando,
Y que luego murmurando te fuiste lejos de allí, si eres la misma que aquí pasas sin marcar tu huella, responde, si piensa en mí, como estoy pensando en ella.
Noche apacible y serena por más que te cause enojos, que sean más bellos sus ojos y más negra su melena,
Presta un consuelo a mi pena ya que sufriendo viví, y pues no llega hasta aquí el resplandor de esa estrella, responde, si piensa en mí, como estoy pensando en ella.
Nubes que en blanco celaje bordáis el manto del cielo, cual aves que alzan el vuelo sobre el inmenso paisaje.
Decídme si en vuestro viaje lejos, muy lejos de aquí, llegasteis a verla, y si respondéis a mi querella, si estaba pensando en mi como estoy pensando en ella.
Sol y luna, mar y viento, nubes y noche, ayudadme, y en vuestro idioma contadme si es mío su pensamiento;
Si es igual su sentimiento a éste que mi pecho hiere, decid si mi amor prefiere a la calma que perdió; ¡Decidme, en fin, si me quiere lo mismo que la amo yo!
José Gautier Benítez Caguas Puerto Rico La Cuidad Criolla Valle del Turabo
¡Borinquen!, nombre al pensamiento grato como el recuerdo de un amor profundo; bello jardín de América el ornato, siendo el jardín América del mundo.
Perla que el mar de entre su **** arranca al agitar sus ondas placenteras; garza dormida entre la espuma blanca del níveo cinturón de tus riberas.
Tú que das a la brisa de los mares al recibir el beso de su aliento la garzota gentil de tus palmares;
Qué pareces en medio de la bruma al que llega a tus playas peregrinas, una ciudad fantástica de espumas que formaron jugando las ondinas;
Un jardín encantado sobre las aguas de la mar que domas; un búcaro de flores columpiado entre espuma y coral, perlas y aromas;
Tú, que en las tardes sobre el mar derramas, con los colores que tu ocaso viste, otro océano de flotantes llamas;
Tú que me das el aire que respiro y vida al ritmo que en mi lira brota, cuando la inspiración en raudo giro con sus alas flamígeras azota la frente del cantor, ¡Oye mi acento!
El santo amor que entre mi pecho guardo te pintará su rústica armonía; por ti lo lanzo a la región del viento, tu amor lo dicta al corazón del bardo y el bardo en él su corazón de envía.
¡Oyelo, patria! El último sonido será, tal vez, de mi laúd; muy pronto partiré a las regiones del olvido.
Mi juventud efímera se merma y ya en su carcel habitar no quiere el alma melancólica y enferma.
Antes que llegue mi postrero día y mi cantar se extinga con mi aliento, toma ¡Patria!, mi última poesía; ¡Ella es de mi amor el testamento! ¡Ella el adiós que tu cantor te envía!
José Gautier Benítez Caguas Puerto Rico La Cuidad Criolla Valle del Turabo