Sol espléndido y radiante en la ancha esfera sujeto; no te pregunto el secreto de tu esplendor rutilante.
Ni por qué, nube distante tiñes de ópalo y rubí; pero perdóname si te pregunto en mi querella, ¿Si estará pensando en mí como estoy pensando en ella?
Luna, brillante topacio que, entre nebuloso tul, cruzas la techumbre azul de las alas del espacio.
Si se fijaron despacio sus bellos ojos en tí, y si la miraste, di si estaba doliente y bella, si estaba pensando en mí como estoy pensando en ella.
Mar inmenso que te agitas sobre tu lecho de arena, y que ora en bonanza plena tus olas no precipitas;
Tú que bañas las benditas riberas donde viví, los sitios donde la vi tan pura, tan dulce y bella, responde, si piensa en mí, como estoy pensando en ella.
Brisa, que acaso pasando jugaste con sus cabellos, tú que besaste su cuello su mejilla acariciando,
Y que luego murmurando te fuiste lejos de allí, si eres la misma que aquí pasas sin marcar tu huella, responde, si piensa en mí, como estoy pensando en ella.
Noche apacible y serena por más que te cause enojos, que sean más bellos sus ojos y más negra su melena,
Presta un consuelo a mi pena ya que sufriendo viví, y pues no llega hasta aquí el resplandor de esa estrella, responde, si piensa en mí, como estoy pensando en ella.
Nubes que en blanco celaje bordáis el manto del cielo, cual aves que alzan el vuelo sobre el inmenso paisaje.
Decídme si en vuestro viaje lejos, muy lejos de aquí, llegasteis a verla, y si respondéis a mi querella, si estaba pensando en mi como estoy pensando en ella.
Sol y luna, mar y viento, nubes y noche, ayudadme, y en vuestro idioma contadme si es mío su pensamiento;
Si es igual su sentimiento a éste que mi pecho hiere, decid si mi amor prefiere a la calma que perdió; ¡Decidme, en fin, si me quiere lo mismo que la amo yo!
Por buscarme, Poesía, en ti me busqué: deshecha estrella de agua, se anegó en mi ser. Por buscarte, Poesía, en mí naufragué.
Después sólo te buscaba por huir de mí: ¡espesura de reflejos en que me perdí!
Mas luego de tanta vuelta otra vez me vi: el mismo rostro anegado en la misma desnudez; las mismas aguas de espejo en las que no he de beber; y en el borde del espejo, el mismo muerto de sed.
Haz el prodigio...! Virgen María!..., de que me miren sus ojos claros, de que me amparen sus rubias trenzas, de que me nombren sus rojos labios...,
Tú que vigilas cuando ella duerme, entra en sus sueños más encantados... para decirle que soy el héroe del cuento rosa con que ha soñado.
Habla en secreto con sus secretos, oh... buena virgen !... Y haz el milagro de que me amparen sus trenzas rubias, de que me miren sus ojos claros !...
Que hará en la vida mis desconsuelos, que hará en las noches mi sobresalto, si no me amparan sus trenzas rubias, si no me nombran sus rojos labios...
Haz que se tiña con los rubores por mí su frente,como los nardos, y que leyendo mis pobres versos, tiemblen los lirios que son sus manos.
Haz el prodigio..., Virgen María !..., y a trueque ofrezco bordar tu manto con los encajes de los luceros y con la plata de los remansos !...
Ya que me cabe la insigne gracia de ser poeta...,seré tu bardo para inclinarme sobre las aras cuando me nombren sus rojos labios, cuando me amparen sus trenzas rubias, cuando me miren sus ojos claros !...
Así clamaba, con fe sencilla, en mis mejores y blandos años; y me nombraron sus labios rojos, y me ampararon sus trenzas rubias..., y me miraron sus ojos claros !...
Mas como el tiempo pasa y destroza todo el miraje que urde el encanto, pasó el poema como la nube, y el prisma roto mostró el engaño...
Y hoy ..., Virgen Santa !... Si lo pudiera, te pediría con fe de antaño que desterraras de mi recuerdo los labios rojos que me nombraron !... las rubias trenzas que me perdieron !..., los ojos claros que me engañaron !...